Desde la revolución que destronó a Shah Reza Palhevi en 1979, Irán ha sido el único país del mundo gobernado por clérigos (si no se tiene en cuenta el Vaticano, que es un sui generis), donde la religión y la política están intrínsecamente ligadas. El actual presidente, elegido en 2021, Ibrahim Raisi es, además del veterano, guía supremo de la revolución, Ali Khamenei. El código civil y el código penal de la época anterior, que eran laicos, fueron sustituidos por el Sharia o la ley islámica.
Irán es un país con una gran historia, con un 90% de mayoría chiíta, que aspira a ser la primera potencia chiíta del mundo. De ahí sus recientes intervenciones en Irak (la guerra Irán-Irak en los años 80), su presencia en Líbano a través de Hezbolá, en el conflicto sirio y durante varios años en Yemen. Estas acciones bélicas (en las que tuvo una marcada participación el general Qassen Soleimani, posteriormente asesinado por un misil israelí), alarmaron profundamente a los países suníes de la región y en particular a Arabia Saudita.
La preocupación por Irán es antigua desde que el presidente Ahmadinejad, un nacionalista radical y violento, favoreció el desarrollo de la energía nuclear, teóricamente con fines pacíficos. Pero en el resto del mundo se ha interpretado que Irán aspira a participar como un miembro más del club nuclear de los países poseedores de la bomba atómica.
Durante años se negoció un acuerdo nuclear con Irán, firmado finalmente en 2015 por Estados Unidos, Rusia, China, la Unión Europea, Francia, Alemania y Reino Unido, que ha establecido una serie de controles a su desarrollo nuclear, y ha previsto la eliminación de las sanciones impuestas hasta entonces. En 2018, el presidente Trump denunció el acuerdo y desde entonces el resto de firmantes (y en particular la Unión Europea) han trabajado duro para ponerlo de nuevo en pie. La Unión Europea e Irán acaban de definir sus respectivas posiciones, y la pelota está ahora en el tejado estadounidense. «Ahora o nunca», titulaba un diario español el 17 de agosto, que añadía que «esta es la última oportunidad para resucitarlo».
¿Es Irán sincero en su intención de recuperarlo? ¿Estados Unidos puede garantizar que mantendrá su compromiso más allá de la actual administración? Hay muchas dudas al respecto, pero lo cierto es que las sanciones están perjudicando a la economía iraní. Una prueba de la sinceridad iraní sería el regreso de expertos de la Agencia Internacional de Energía Atómica y, por lo tanto, la mejora de los mecanismos de control. La diplomacia europea bajo el liderazgo del Alto Representante Josep Borrell ha estado muy involucrada en este dossier, vendido durante años como un tremendo éxito diplomático.
El atentado de hace unos días contra Salman Rushdie devolvió a Irán al primer plano de la escena internacional, no porque el presunto agresor sea iraní, sino por la indiferencia que el hecho suscitó en Irán, y en el mundo islámico. Se informó que Rushdie «era buscado por sus ataques a 1.500 millones de creyentes». Hemos podido leer estos días felicitaciones al agresor, y sobre todo la confirmación de que el fatua de Jomeini que lo condenó a muerte sigue vigente.
Además, Putin, en su primer viaje al exterior desde el inicio de la guerra en Ucrania el 27 de julio, eligió este país. Rusia e Irán mantienen un intenso tráfico comercial de armas y drones. Se podría hablar de un eje de China, Rusia e Irán contra Estados Unidos. El líder supremo Ali Khamenei señaló el otro día que «los poderes arrogantes se están debilitando» y se jactó de un «despertar islámico». El episodio de la toma de rehenes fue la expresión de ese odio a Estados Unidos, catalogado como Satanás, el enemigo. Como escribió Shirin Ebadi, una jueza iraní que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2004: “Una revolución que no está en guerra perpetua con sus enemigos debe rendir cuentas ante sus ciudadanos.
¿Hay razones para la esperanza? Rusia apoya a Irán en la construcción de nuevas centrales nucleares. En julio pasado, Rusia, China e Irán desafiaron a Estados Unidos con importantes maniobras militares en el hemisferio americano en conjunto con Venezuela. El atentado de 1994 en Buenos Aires, en el que murieron 85 personas, contra la asociación judía local sigue siendo más oscuro que nunca. Pero llegará el día en que se cumplirá la declaración en el título del libro de Ebadi «Hasta que seamos libres».
gonzalo ortiz es el embajador de españa
Artículo publicado en medios españoles El debate
