¡Es la economía, idiota!

¡Es la economía, idiota!
Foto: Federico PARRA / AFP

Me uno a quienes han abusado de esta célebre interjección para titular sus escritos. El motivo es el mismo que en la campaña presidencial de Bill Clinton: llamar la atención sobre la cuestión central que decidiría la votación. Desafortunadamente, las fuerzas de oposición en Venezuela parecen estar en otra cosa.

Abundan los argumentos para exigir un cambio de gobierno. Pero, más allá del nada desdeñable problema de saber asegurar las condiciones que permitan ese cambio, está el hecho de que los venezolanos -principalmente opositores al gobierno de Maduro- ya no confían en los líderes de la oposición, si uno se apega a las papeletas. caja. Si los enfrentamientos entre ellos parecen haber sido superados por el acuerdo de unas primarias que conducirá a una única candidatura para las próximas elecciones de 2024 -suponiendo que se produzcan-, se supone que será sin tener un plan claro, capaz de recuperar la confianza de venezolanos. Para ello, la cuestión económica es central. La victoria no está asegurada.

Las recientes acciones de Maduro indican su interés en lavarse la cara ante la comunidad internacional, con miras a levantar algunas de las sanciones que tanto le molestan. Ciertas donaciones en el ámbito económico, como la venta de acciones de determinadas empresas públicas y la devolución del Sambil de la Candelaria a sus legítimos propietarios, buscan proyectar la imagen de una situación que se “normaliza”. Una elección presidencial en 2024 que parece creíble completa el cuadro. Otra cosa es que, conociendo la naturaleza del personaje, suceda. Pero con las fuerzas democráticas dispersas, quizás no necesite jugar más trucos para asegurar su victoria.

El ala madurista de este régimen mafioso trata de capitalizar el repunte de la actividad económica para proyectar la idea de que el país se está reparando. Y lo que se destaca en ciertos sectores del campo y la ciudad -notoriamente la venta de productos importados- alimenta esta ilusión entre algunos. En realidad, pasaríamos del sótano 12 al sótano 11, todavía muy hundidos en el abismo de la miseria. Y las mejoras, además, se limitan a un pequeño grupo. Sin embargo, como fue el caso de las misiones que no llegaron a todos, el monopolio de los medios puede respaldar la esperanza de que el engranaje de la fortuna finalmente toque a uno también, si a Maduro se le ofrece la oportunidad de continuar. Urge una alternativa política que desmienta claramente esta ficción.

En medio de esta falsa «normalización», la gran mayoría de los venezolanos luchan a diario por estirar el poder adquisitivo de sus recursos y asegurar las condiciones básicas de su sustento. Al superar la adversidad, revelan talentos y habilidades empresariales. Y no solo estamos hablando de empresarios establecidos. También a los campesinos y pequeños productores, amas de casa, comerciantes, obreros calificados, transportistas, costureras, mecánicos y tantos otros que, para compensar imprevistos, arbitrariedades y carencias diversas, tuvieron que inventarlos. Se han convertido en innovadores. Y es de ese espíritu de iniciativa que dependerá el restablecimiento de un nivel de vida digno para los venezolanos, y no de las dádivas estatales.

¿Cómo aumentar tus posibilidades de éxito en un entorno desfavorable caracterizado por servicios públicos precarios, inseguridad, falta de financiación y mucho más? «Nada triunfa como el éxito», como dicen los gringos. Si queremos hacer del emprendimiento el motor de la recuperación económica, es necesario sembrar la confianza de un número creciente de potenciales emprendedores y fomentar su éxito. Por definición, cualquier empresa tiene, dentro de sí misma, un margen de incertidumbre. Se agrava en Venezuela por las normas difusas, la arbitrariedad y la ausencia de seguridad jurídica para proteger los derechos. Por lo tanto, un clima favorable para el emprendimiento implica (entre otras cosas):

  • Seguridad y reglas de juego claras que ofrezcan mayor previsibilidad, en el marco de un estado de derecho que proteja los derechos de todos.
  • Financiación adecuada y accesible en sus condiciones, en particular capital riesgo.
  • Apoyo profesional o técnico, asesoramiento diverso: acceso a instalaciones o conocimientos para diseñar o probar prototipos, reparar máquinas, calibrar instrumentos, definir estrategias comerciales, mantener cuentas y evaluar opciones de financiación. También una red de servicios especializados, proveedores, universidades calificadas y consultores competentes.
  • Servicios públicos eficientes y de calidad que no fallan, con mantenimiento y costos competitivos.
  • Apertura internacional, tanto comercial como financiera, así como en materia de información, tecnología y acceso al talento.
  • Un Estado fuerte, ágil, dotado de personal competente, garante de la estabilidad, de las condiciones de justicia social, de la seguridad y productor de la gama de bienes públicos que la hacen posible.

Un vistazo rápido a esta lista revela que se refiere a condiciones que, precisamente, no existen bajo la “normalidad” de Maduro. En particular, el rescate del ahora quebrado Estado venezolano amerita la coordinación de financiamientos internacionales extraordinarios con las multilaterales, lo que supone un profundo cambio político, basado en reformas legales y estructurales que le devuelvan su rol eficiente productor de bienes públicos. Esta inyección de recursos, junto con la reducción de los costos de transacción que resultarán de estas reformas, permite que el ajuste macroeconómico sea expansivo. En vez de contraer los agregados monetarios, deprimiendo la economía, como hizo Maduro, los excedentes serán absorbidos productivamente reactivando e incrementando las transacciones.

Un reciente informe del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social registró 2.677 protestas en todo el país en los primeros 4 meses del presente año, un 28% más que en igual período de 2021. El informe hace referencia a que más del 70% de estas las manifestaciones “fueron motivadas por la violación de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales”. Destacan la demanda de derechos laborales y las fallas en la prestación de los servicios públicos.

Estos son los cimientos de una política de oposición, capaz de movilizar a los venezolanos para enfrentar los desafíos del cambio político, devolviéndoles la confianza en los liderazgos democráticos. Está claramente vinculado a la restauración del estado de derecho, la recuperación de las libertades, en particular la de los presos políticos, la eliminación de la censura, la extorsión, la confiscación y otras formas de corrupción. Todo contribuye a la construcción de un entorno que permita aprovechar el enorme potencial económico que aún anida en el país, así como las oportunidades que ofrece la transición energética y la llamada cuarta revolución industrial a nivel mundial. La existencia de una gran comunidad de compatriotas en el exterior abre una ventana a experiencias, conocimientos y prácticas que sin duda enriquecerán estos esfuerzos.

El desafío del liderazgo democrático es formular propuestas y tomar iniciativas que se traduzcan en una política de cambio capaz de articularse con los desafíos locales y nacionales para construir una alternativa que arrase en las próximas elecciones. Los venezolanos tendrán la opción entre una «normalización» al estilo de Maduro, que puede tardar 50 años en volver a los niveles de vida (promedio) de 2013, o una alternativa basada en la competitividad, el emprendimiento y el rescate de la función pública al bien- siendo de la población, lo que permite superar este parámetro en 15 años o menos. Resta mencionar los fundamentos para tener una FAN sana, respetuosa de la Constitución.

humgarl@gmail.com

La entrada ¡Es la economía, idiota! se publicó por primera vez en EL NACIONAL.

Hildelita Carrera Cedillo
Hildelita Carrera Cedillo

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