decidamos juntos

decidamos juntos
CARLOW

Vivimos tiempos difíciles, con cambios vertiginosos y graves amenazas a la libertad de las personas, el bienestar de las familias y la soberanía de las naciones. Nos ha tocado uno de esos momentos particulares de la historia en los que se transforman los mapas geopolíticos, chocan ideas e intereses, se rompen alianzas o se crean otras nuevas, condicionando decisivamente el futuro de generaciones enteras. Y lo más preocupante, estas trascendentales decisiones que demanda el momento se toman a espaldas de los españoles.

El presidente de la República Francesa anuncia «el fin de la abundancia» tras bajarse de un yate de lujo; organismos y líderes internacionales se han comprometido con agendas globales que tienen como lema “no tendrás nada y serás feliz”; Se recuperan conceptos que se suponían desterrados del continente, como la escasez, las restricciones, el racionamiento… y la guerra. Otro drama que creíamos lejano y que ahora llama a la puerta, alentado por la estupidez de líderes que tuvieron la extraña idea de poner nuestra energía y nuestra prosperidad en manos de regímenes hostiles o con intereses opuestos a los nuestros. El globalismo que inspiró estos gravísimos errores, y que pretendía trascender fronteras y culturas, se derrumba ante la realidad y el sentido común.

Desgraciadamente, hasta hace poco tiempo, los principales partidos españoles seguían postulados internacionales muy perjudiciales para los ciudadanos. Y lo que es peor, en estos tiempos tan graves, el gobierno de la nación se basa en enemigos declarados de España y de la libertad, y está presidido por alguien que parece sólo preocupado por su interés personal.

Finalmente, se perfila un horizonte de miseria y malestar sin precedentes en la historia reciente. Las familias, los autónomos y las pequeñas y medianas empresas viven acosados ​​por la inflación, la subida de los precios de las materias primas y la voracidad fiscal que destruye el ahorro y el futuro, mientras se desperdician sumas obscenas en promover ideologías totalitarias, como el «despierto», el secta de género o clima. Este último es el responsable directo del frío que experimentarán muchos hogares este invierno. Sólo políticos ebrios de ideología, o incapaces de articular un discurso propio, podrían acompañar con aplausos el derribo de centrales térmicas o el traslado de tantas industrias. Y sólo Vox se ha opuesto en el Congreso a leyes que prohíben la explotación de nuestros recursos naturales y que suponen un auténtico atentado contra la economía nacional, equiparable a una tiranía que con júbilo prende fuego a los campos de trigo mientras su pueblo sufre de hambre.

Pero no estamos hablando sólo de la economía. Porque no hay división posible entre cuestiones económicas y cuestiones culturales y políticas, como algunos insisten en afirmar. Porque todas las medidas desastrosas para la economía española se han tomado con motivaciones ideológicas, cuando no simplemente corruptas. Y, por desgracia, todo ha sido aprobado y legitimado por aquellos que se jactan de tener fama de buenos gestores, como si pudiera tener algún mérito gestionar con eficacia una máquina suicida. Porque lo cierto es que, ante cuestiones de fondo, los dos partidos que aún son mayoría son ahora uno solo, y votan juntos en los parlamentos europeo y nacional.

Para el PSOE, la defensa de los trabajadores de sus siglas es ya tan remota como para el PP la defensa de los principios conservadores de sus orígenes. Los dos coinciden, por ejemplo, en una política de fronteras abiertas, camufladas de solidaridad, que ha degradado ciudades y barrios enteros, trayendo escenas que hasta hace poco solo eran posibles en lugares remotos, así como crímenes atroces y desconocidos en nuestro suelo como el violaciones en grupo. A pesar de lo que pueda pensarse, debido al excesivo poder de su propaganda, el gobierno de Pedro Sánchez es responsable de un enorme aumento de la inseguridad de las mujeres en España.

Las libertades individuales y colectivas están al mínimo tras la ola de autoritarismo y desmantelamiento del Estado de derecho que ha provocado la pandemia. La urgencia demográfica es palpable. La pérdida del nervio común, de lo que nos une, tiene diversas expresiones, cada cual más inquietante: la guerra de los sexos, las querellas fratricidas por el pasado, el deterioro de la educación, el egoísmo autonómico, las concesiones patrocinadas con dinero público. terrorismo, imposiciones lingüísticas…

Finalmente, la soberanía, salvaguarda de nuestros derechos y de nuestra forma de vida, se ve amenazada por el apetito insaciable de potencias lejanas que nadie ha elegido y de las grandes multinacionales que comercian con nuestros datos y nuestra privacidad.

En una situación tan dramática como la actual, las élites han cerrado filas y optado por secuestrar la conversación pública, demonizando a quienes se atreven a disentir y decretando prohibidos los debates.

Vox se comprometió, desde su nacimiento, a reabrir todos estos debates. Y estos tiempos difíciles y trascendentes nos han convencido de que debemos utilizar toda nuestra fuerza parlamentaria para dar voz a los españoles para que, más allá de los partidos, decidan directamente sobre cuestiones fundamentales.

Sí, los españoles deben decidir sobre la derogación de las leyes que impiden el aprovechamiento de nuestros recursos naturales y nuestras capacidades técnicas, desde el gas de nuestro suelo hasta la energía nuclear; deben decidir sobre la política de inmigración y la defensa de nuestras fronteras; y sobre los recortes de gastos políticos, y sobre la soberanía de los datos personales y nacionales, y sobre las políticas lingüísticas… Y habría que preguntarles, también, si ilegalizar los partidos que pretenden liquidar el fundamento de la Constitución -la indisoluble e indivisible unidad nacional- porque también liquidaría esta realidad que ahora reivindicamos: que el futuro de España lo deben decidir los españoles, en su conjunto, y que debemos superar este periodo en el que solo unos pocos -a veces ni siquiera elegidos en las urnas- decidir lo que afecta a todos tan seriamente.

Entiendo que un llamado a una democracia más directa encontrará muchos opositores, especialmente entre las oligarquías que han llegado a un consenso absolutamente contrario al interés general. Pero también estoy seguro de que España se pronunciará, como siempre lo ha hecho en momentos especiales de la historia, y que los españoles rechazaremos a quienes intentan robarnos nuestro derecho inalienable a decidir juntos nuestro futuro.

Santiago Abascal es presidente de Vox.

Artículo publicado en el periódico. A B C de España

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores para seguir adelante y asegurarse de que las noticias incómodas que no quieren que lea permanezcan a su alcance. ¡Hoy, con su apoyo, seguiremos trabajando duro por un periodismo libre de censura!
Hildelita Carrera Cedillo
Hildelita Carrera Cedillo

Otras publicaciones

No widgets found. Go to Widget page and add the widget in Offcanvas Sidebar Widget Area.