Crece el poder de las narcoguerrillas en Venezuela

Quiero advertir a los lectores de estos artículos de la extrema gravedad, el alcance extremo, las consecuencias extremas de la presencia de la narcoguerrilla colombiana en Venezuela. Debo señalar, y este es un aspecto crucial, que los grupos narcoguerrilleros a los que me refiero ya no están integrados exclusivamente por colombianos, y que no son pocos los venezolanos que se han sumado a sus filas. Además, según informes de inteligencia, cuentan con integrantes de otros países: Ecuador, Brasil y Perú.

En conversaciones con personas que viven en estados fronterizos con Venezuela, especialmente en Apure y Táchira; en intercambios con las altas autoridades de Colombia y otros países; En las declaraciones de expertos en temas geoestratégicos y militares en América Latina, hay una coincidencia: el avance sobre territorio venezolano es mucho más amplio, sistemático, firme y constante de lo que parece a priori.

Entre una gruesa tajada de la dirigencia venezolana ―y no me refiero exclusivamente a la dirigencia política, ni distingo entre los que están en Venezuela o en el exilio―, el complejo y expansivo problema de la frontera, la guerra narcoguerrillera , la acción de la organización de la delincuencia y las condiciones cada vez más precarias en que sobreviven los habitantes de estas regiones, no parece tener el lugar que merece entre los innumerables problemas de Venezuela.

Quita una mentalidad: Apure y Táchira están muy lejos, hasta donde está la Amazonía. No solo está lejos, sino que las vías de comunicación no son buenas, la zona está doblemente militarizada (por unidades de las Fuerzas Armadas venezolanas, pero también por narcoguerrillas), las instituciones operativas y los medios de comunicación son casi inexistentes. . , las familias viven bajo asedio constante y en condiciones de angustia. Con la excepción de unas pocas organizaciones no gubernamentales que trabajan en condiciones de verdadera adversidad, y el trabajo único y excepcional de la periodista Sebastiana Barráez, la región en su conjunto, unos 200.000 kilómetros cuadrados, es una enorme caja negra de la que apenas podemos hay noticias. Lo más probable, y con esto no pretendo actuar como predictor de lo fatídico, es que la realidad sea mucho peor de lo que llegamos a conocer e imaginar. Estoy persuadido de que, por ejemplo, del otro lado de la frontera se sabe más de lo que succede en Apure que en Venezuela, especialmente en lo relativo a las operaciones cotidianas de la narcoguerrilla ya los métodos con que doblegan a los habitantes de pueblos y rurales áreas

Si los lectores preocupados por el destino de la soberanía y el destino del territorio venezolano hacen una recopilación de la red de información recibida con cierta frecuencia, comenzaremos a comprender el alcance de la amenaza a la sociedad venezolana.

Las narcoguerrillas, en primer lugar, ejercen una ocupación progresiva del territorio ―están presentes hasta en 14 Estados―, y se concentran principalmente, como decía, en las franjas fronterizas. Esta primera observación nos pone frente a frente con la fuerza de los hechos: para ello, con la amplitud, la frecuencia y la facilidad con que hombres y vehículos armados entran y salen del territorio, acampan o pernoctan durante días, semanas o meses. , compran alimentos o medicamentos, organizan fiestas o reuniones de cualquier tipo, crean y explotan redes de prostitución, frecuentan restaurantes y bares a plena luz del día, se someten a controles médicos y hospitalizaciones, conducen sus vehículos en talleres mecánicos y algunos incluso acuden a peluquerías para conseguir su se hacen las uñas o el cabello, si todo esto sucede, y nada de esto se hace a escondidas o de noche, es solo que ya se ha puesto en marcha una estructura de complicidad comercial, profesional y con las autoridades civiles y militares. En efecto, en ciertos municipios, la actividad económica de las narcoguerrillas seguramente representa una parte no desdeñable del PIB regional. Se han creado empresas financiadas por la narcoguerrilla (narcoguerrilla que usurpa funciones bancarias) especializadas en la prestación de servicios.

Añádase a esto otro factor, también de carácter territorial pero mucho más revelador: las narcoguerrillas adquieren propiedades -tierras, fincas de producción, hangares, viviendas- en distintos puntos del territorio: a través de testaferros, parientes más o menos cercanos, de empresas de otros países y, en algunos casos, con identidades falsas, que obtuvieron en los oscuros pasillos de la administración pública venezolana. No solo inmobiliarias, sino también empresas y empresas de servicios.

En même temps, ils pénètrent dans les centres de santé qu’ils gardent sous leur contrôle : ils leur donnent la priorité et disposent d’espaces réservés à un usage exclusif et permanent, qui ne peuvent être utilisés par personne d’autre, pas même en caso de urgencia. Algo similar sucedió en el campo de la educación: por un lado, obligan a los maestros de ciertas escuelas a presentarse como un grupo político, que se proponía sacar de la pobreza a los habitantes de los pueblos fronterizos. Por otro lado, una realidad denunciada desde 2018, utilizan las escuelas como centros de reclutamiento para integrar a los adolescentes a las unidades narcoguerrilleras.

Recientemente, Sebastiana Barráez denunció la incursión del Ejército de Liberación Nacional ―ELN― en los espacios políticos, específicamente en el municipio de Semprún: están financiando un paro de los habitantes del lugar ―en su mayoría indígenas― para exigir la salida del alcalde y conseguir el exalcalde (detenido por presuntos vínculos con el narcotráfico) reintegrado o reemplazado por un familiar.

¿Adónde nos lleva esta suma de hechos? Al ratificarse que existe una estrategia de ocupación progresiva, para que la narcoguerrilla, como sucedió en Colombia en los años 80 y 90, obtenga el control directo o indirecto de instituciones ejecutivas como las alcaldías; en asambleas legislativas como cabildos y consejos de condado; en el poder judicial; dentro de las unidades militares y policiales; y, si la situación lo permite, incluso en los partidos democráticos de oposición. En la tesis de la narcoguerrilla, la fuerza militar no es suficiente para asegurar el control total de un territorio. Es necesario el control de todas las autoridades estatales, así como alianzas con el sector privado de la zona. Y este es el camino que han recorrido las narcoguerrillas, principalmente el ELN, con el aplauso y apoyo del régimen de Maduro.

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