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Sobre el lenguaje inclusivo de género en español. una humilde propuesta

Sobre el lenguaje inclusivo de género en español.  una humilde propuesta
Luis Miguel Isava / Florencia Alvarado©

Por LUIS MIGUEL ISAVA

Cualquiera que se haya ocupado de la literatura debe tener muy claro que el lenguaje no sólo tiene una función comunicativa, sino que también, en muchos casos -aunque sea de forma subrepticia- opera de forma configurativa. La literatura no solo nos ha hablado de hechos, ha descrito sentimientos, ha expresado ideas; Al mismo tiempo y en una medida muy importante, ha dado forma e inteligibilidad a estas situaciones, ha establecido los rasgos de nuestra educación sentimental para estos sentimientos, ha impreso su orden verbal en estas ideas. Mediante la lectura, nos entrenó para percibir lo que así se configura como «realidad». Sin embargo, recientes reflexiones tanto en el campo de la teoría literaria como de la filosofía han demostrado que este carácter configurativo de la lengua es decisivo y muy potente, a pesar de que muchas veces pasa desapercibido para los hablantes. Por eso, cualquier intento de hacerlo consciente, de hacerlo claro, sólo puede resultar en una mayor atención a estas perspectivas -no necesariamente tematizadas- que el uso del lenguaje, necesariamente tradicionalllevar con el

Estas breves reflexiones servirán de marco a esta propuesta sobre el lenguaje inclusivo: son necesarias para, como propedéutica, borrar la impresión distraída de que el lenguaje opera de manera neutra sobre nuestros pensamientos, nuestras ideas, nuestros sistemas sociales. Sin embargo, debe entenderse que hay otro aspecto a considerar en este sentido. La historia ha demostrado que el lenguaje significa según el uso (Wittgenstein) y que casi nunca es posible introducir cambios en él sin un período relativamente largo de consolidación y familiaridad. Los ajustes propuestos para la simplificación de la escritura del alemán hace unos años constituyen una buena lección: al cabo de unos años habían vuelto las reglas anteriores, ya que eran las que habían constituido el uso durante siglos.

¿Qué hacer en caso de inclusión genérica para español? Las propuestas recientes incluyen a) doble enunciación («señoras y señores», «escritores y escritores», «usuarios y usuarios»); b) la sustitución de la letra que marca el género (o, a) por la letra «e», que es el marcador neutro de la forma del participio activo de los verbos («arquitectes», «nurses», «engineers» ); yc) la sustitución de la letra que marca el género (o, a) por la letra “x” (“estudiantes”, “jugadores”). Por supuesto, las tres propuestas fueron rechazadas, en parte sin duda debido a la negativa a aceptar la necesidad de un cambio. Pero más allá de esta posición problemática (cuestionada más arriba), tal vez deba reconocerse que las tres proposiciones presentan dificultades de uso y esto implica que tendrán dificultades para prevalecer. La primera consiste en sobrecargar textos y discursos, en tener, en cada caso, que dejar de duplicar el sujeto u objeto nombrado, aun cuando no sea el aspecto central de lo que se está discutiendo. La segunda, quizás la más equilibrada, permite que el discurso fluya con más naturalidad, pero implica una transformación que por el momento puede resultar artificial y difícil de imponer, ya que propone palabras que no existen en la lengua. El tercero tiene la enorme desventaja de no poder pronunciar, además de introducir un uso sin precedentes en el lenguaje hablado o escrito.

Así que pensemos en la posibilidad de hacer algo diferente a estas propuestas. Para eso, veamos cómo funciona el marcador genérico en este tipo de oración. Veamos las siguientes oraciones:

«Se desconoce el número de invitados…»

«Privilegio a todas las personas presentes…»

«El escritor publicó recientemente…»

“Estudia a los creadores…”

«Los participantes pueden sentarse…»

No es difícil ver que, en oraciones de este tipo, el artículo singular o plural («el» o «el») está implícitamente modificado por un adjetivo, la forma nominal de un adjetivo, un participio pasado, un participio presente, o una palabra que introduce una acción. Esto implica que en estos casos el artículo todavía funciona como pronombre. Veamos entonces el lugar del sustantivo implícito en estas oraciones:

«… el número deEso ess [sustantivo masculino plural] que era invitarEso ess» (se requiere acuerdo de participio)

“…privilegiando a todosEso esSLEso ess [sustantivo masculino plural] que son regalos «

«YÉl [sustantivo masculino] que estas escribiendo Público…»

«…estudiar enEso ess [sustantivo masculino] Qué piensas…”

«LEso ess [sustantivo masculino] que asisten…”

¿Cuál sería este omnipresente, aunque ausente, nombre masculino? Tengo la impresión de que, en la mayoría de los casos, este nombre es «señor» o su forma plural, «señores». Así, en el uso tradicional, uno quiere hacer la distinción en una presentación o cuando se dirige a un grupo de personas con las habituales «damas y caballeros» (es fácil ver que «señor(es)» puede realizar esta función en el párrafo anterior oraciones). Entonces, si es así, ¿por qué no pensar en una sustitución igualmente implícita, sino en un nombre que satisfaga todas las intenciones comunicativas? Propongo que este nombre sea la palabra «persona». «Persona» tiene varias ventajas sobre las propuestas de cambio mencionadas anteriormente. En primer lugar, no discrimina porque todos/todas/todos piensan y sienten como persona, lo cual es una categoría de existencia social (recuérdese las expresiones jurídicas “persona física”, “persona moral”) y por tanto no requiere diferenciación de género. Segundo, porque etimológicamente la palabra está ligada a identidades asumidas y no prescritas: la persona era la denominación de las máscaras que usaban los comediantes en el teatro y por lo tanto tiene la ventaja de ser una denominación aceptable para las discusiones del nuevo género (que no es el caso, por ejemplo, en la otra palabra candidata a ser el nombre implícito: individuo) . Ahora veamos cómo se verían las oraciones anteriores asumiendo que el sustantivo implícito es la palabra «persona»:

«… el número deas [personas] invitaras» (se requiere acuerdo de participio)

“…privilegiando a todosaSLas [personas] regalos «

«los [persona] escritora Público…»

«…estudiar enas [personas] Creadoras…»

«LEso ess [sustantivo masculino] que asisten…”

Sin duda, tal uso deberá ser aceptado gradualmente: como subrayé anteriormente, ninguna imposición externa tiene la posibilidad de modificar radicalmente los usos, menos aún en el corto plazo. En algunos casos se puede suponer que se trata de una política institucional de documentos y diligencias; en otros, una nota al comienzo del artículo o discurso puede dejar en claro que «persona(s)» siempre se tomará como un sustantivo implícito. Superado este momento, precisamente porque no se desvía demasiado del uso ni contraviene las formas tradicionales de denominación, esta propuesta parece una solución adecuada y viable.

A modo de ejemplo, propongo aplicar la proposición a las siguientes oraciones que tomo de Guía lingüística inclusiva (Los reformulo indicando con [p] el sustantivo «persona» que debe permanecer en el tiempo implícito:

“…las expresiones culturales de los pueblos originarios y las tradiciones culturales de losas [p] inmigrantes” (en lugar de “de la población inmigrante…”)

“Divulgación de los derechos laborales deas [p] artistas.» (En lugar de «… derechos laborales para los profesionales del arte»)

«los [p] profesoras que participaron en los talleres y posterior curaduría…” (en lugar de “Profesionales que participaron…”)

«En tanto, la[p] designadoase puede elegiraautoproclamadoasí, para después…” (en lugar de “Mientras tanto, las personas designadas…”)

“Se fomenta la asociatividad entre la [p] Creadoras, productores, gestores e intermediarios…” (en lugar de “entre creadores…”)

“Los procesos de formación se crean para la creación encaminados a [p] adultoas personas mayores en…” (en lugar de “…destinado a adultos y personas mayores…”)

Como puede ver, solo sería un caso de invertir ese sustantivo masculino implícito que destacamos por uno que se aplica a todos los tipos de género. Puede tomar algún tiempo adoptar completamente este uso, pero tiene, en mi opinión, ventajas significativas. Por un lado, es a la vez simple e inclusivo; por otro lado, no contraviene el uso de una manera muy radical. También tiene la elegancia de eliminar los pronombres femeninos («la», «las») de una asociación inequívoca con un género y, en una especie de justicia poética, de invertir su uso para que sea en adelante un sustantivo femenino, «persona «, que representa la generalidad. Sólo se tratará de interiorizar este nuevo pronombre oculto y sustituirlo por este otro que, aunque discretamente, ha llevado toda una carga de exclusión en la historia de una cultura; una cultura que, como sabemos, siempre ha establecido los límites —inmutables y restringidos— de la participación e intervención de lo femenino.

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Hildelita Carrera Cedillo
Hildelita Carrera Cedillo