Desde su creación, una de las estrategias en las que el gobierno siempre ha puesto sus esperanzas para mantener su modelo de dominación es desmovilizar constantemente a la mayoría del país que se le opone. Y para ello, uno de sus aliados está en lo que la Psicología Cognitiva llama “anticipación negativa”.
La anticipación negativa es un patrón de pensamiento particular que hace que los pacientes asuman constantemente que algo va a salir mal, nunca duden de esa predicción y actúen en consecuencia. Ejemplos típicos de anticipación negativa son frases como «mejor no voy porque me va a pasar algo malo», «no llamo porque no me aceptan», «mejor ni lo intento porque ya sé que no lo voy a lograr”, y otras de uso frecuente en algunas personas.
La esencia de este modelo psicológico es que anticipas que las cosas saldrán mal sin tener datos que respalden esas conclusiones. En otras palabras, se interpreta una posibilidad como si fuera una realidad segura y negativa, y se actúa en consecuencia. Y las consecuencias de esta tendencia a pensar así van más allá de lo meramente cognitivo. De hecho, con la anticipación negativa, la producción y las acciones combinadas de la hormona cortisol y las catecolaminas aumentan, activando el sistema nervioso autónomo y, por lo tanto, generando ansiedad, miedo y pesimismo.
Es cierto que anticiparnos a determinados riesgos y peligros nos protege y nos permite prepararnos mejor para afrontarlos. Pero como afirma el Dr. Elías Abdalá (“Las trampas de la mente”), cuando las desgracias que el cerebro anticipa son abstractas, exageradas o ilógicas, nos paralizan, enferman y limitan.
A nivel político, cuando la anticipación negativa se generaliza a muchas personas, no solo desalienta la organización popular, sino que ayuda a consolidar un cimiento psicológico-actitudinal de aceptación y resignación colectiva sobre el cual los gobiernos autoritarios construyen su modelo de dominación. .
Si mucha gente está convencida de que no hay nada que pueda hacer con su entorno político, que lo que va a pasar es malo pero también inevitable, que lo único que queda es rendirse porque no hay forma de cambiar o incluso confrontar a quienes oprimirlos, entonces el patrón de dominación comienza a arraigarse y a verse como irreversible. No en vano, una de las cosas que primero buscan sembrar en la población los gobiernos autoritarios es convencerla de su muy precaria eficacia política, es decir, de su muy limitada capacidad para influir en los acontecimientos políticos y mucho menos para cambiarlos.
Este gobierno ha sido tan malo durante tanto tiempo que tiene sentido que después de tanto tiempo muchas personas crean que están condenadas a seguir sufriendo. Y no solo eso: lo más grave es que acabes pensando que es inevitable, y que pase lo que pase no se puede hacer nada para cambiarlo. Si hablamos, por ejemplo, de la necesidad de crear condiciones para impulsar la negociación, la respuesta automática es que no vale la pena porque el gobierno no se va a rendir. Si surge la urgencia de una mayor organización de base que conduzca a una presión cívica efectiva sobre el régimen, la primera reacción de muchos es pensar que es innecesaria porque el gobierno es impermeable a las presiones. Si la población realmente se organiza en torno a una salida electoral, muchos dirán que aunque la alternativa democrática ganara una posible elección presidencial, el gobierno no la reconocería.
Y si no puede no reconocerlos, entonces algo malo va a pasar, simplemente porque el gobierno «no lo va a dejar pasar», como si torcer la voluntad mayoritaria de un pueblo fuera tan sencillo, cuando esta voluntad está organizada y voluntario. Ya lo dijo Fernando Savater: una vez que un pueblo ha tomado la decisión de cambiar, ninguna fuerza puede detenerlo. Es solo cuestión de tiempo. Pero primero hay que creer que es posible, luego decidir seriamente organizarse para poder hacerlo.
Es hora de que empecemos a superar la desesperación inteligentemente cultivada por el gobierno durante muchos años, y empecemos a darnos cuenta de que el país que queremos no solo es posible, sino que al final depende solo de nosotros, de nuestra inteligencia y de nuestra capacidad para dejar atrás agendas parciales. y organizarnos, no para “esperar” a que suceda el cambio, sino para luchar para que sea inevitable.
@angeloropeza182
