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Sociedad civil y partidos: ¿es posible una articulación?

Sociedad civil y partidos: ¿es posible una articulación?

Una pregunta recurrente en Venezuela es cómo las organizaciones sociales pueden influir en las decisiones políticas. De hecho, este fue el tema de un interesante foro organizado la semana pasada por las prestigiosas organizaciones de la sociedad civil Ciudadanía Activa, Compromiso Ciudadano, Gente del Petróleo, Espacio Abierto, Grupo La Colina, Aragua en Red, La Tertulia de los Martes, Manifesta, United Médicos de Venezuela y Red de Organizaciones Barriales de Baruta.

La única pregunta ya contiene una afirmación, y es que las organizaciones sociales no han influido o no inciden en las decisiones políticas como deberían, dado su potencial. Así que la primera pregunta es ¿por qué no está sucediendo esto?

Las razones de esto son por supuesto múltiples, y van desde agendas particulares y el deseo de protagonismo de ciertos actores, hasta la dificultad de ceder a sus propios intereses y coordinar acciones con otros. Pero más allá de estos, quiero detenerme en tres de las causas más importantes.

El primero es la desconfianza crónica, no sólo mutua entre los actores políticos y sociales, sino incluso dentro de los dos sectores. Esto no es de extrañar en un país que sigue estando entre los de mayor desconfianza interpersonal e institucional, pero mientras los principales actores políticos y sociales que se oponen al gobierno siguen viéndose y viéndose con suspicacia e infantil recelo, la indispensable coordinación de fuerzas necesarias para hacer frente a un gobierno antidemocrático será un objetivo difícil de alcanzar.

La segunda causa, muchas veces olvidada, es la acción deliberada del gobierno, que no sólo ha perseguido, encarcelado o exiliado a los líderes visibles de los partidos políticos y líderes sociales importantes, sino que también ha reprimido y criminalizado con fuerza cualquier intento de articulación de organizaciones sociales y políticas.

Y la tercera causa tiene que ver con la teoría del cambio político que utilizan los actores en su estrategia de combate. En Venezuela han coexistido (y coexisten) diversas teorías sobre cómo lograr la liberación política del país.

Existe la teoría de las salidas rápidas, esencialmente dependientes de fuerzas externas. Aquí está la tesis de una amenaza externa creíble, las opciones de carácter militar o las que apuestan por la formación de una fuerza multinacional que intervenga en el país y establezca el orden democrático. El problema de esta teoría del cambio, más allá de su inviabilidad demostrada hasta ahora, es que si el resultado depende esencialmente de la acción de factores externos, no tiene sentido «perder el tiempo» buscando una articulación con las organizaciones sociales internas.

También existen soluciones «salvadoras», que parten del principio de que existe una élite o una vanguardia ilustrada, que se asume como sujeto político de la transformación, y que acude en auxilio de un pueblo que pasivamente necesita ser salvado y salvado desde arriba. En esta concepción tampoco son necesarias las organizaciones sociales, salvo para legitimar la imagen de la vanguardia ilustrada, que necesita entonces del acompañamiento en la foto de determinados actores sociales, pero siempre como personajes secundarios o invitados secundarios, nunca como protagonistas.

Pero también hay quienes asumen y defienden una teoría del cambio más realista y adaptada a las características del régimen en cuestión. Esta concepción estratégica se basa en el principio de que en modelos de dominación autoritaria y fascista como los representados por el madurismo, toda acción política carece de sentido práctico y es inútil si no va acompañada de un factor aún débil en la ecuación política actual, que es la necesaria presión social cívica. Sin ella, es decir sin una población organizada y movilizada que reivindique sus derechos y actúe como elemento disuasorio de las acciones antidemocráticas del gobierno, las estrategias y acciones políticas pierden gran parte de su eficacia y utilidad. Por tanto, la acción política prioritaria en este momento, de la que se desprenden otras tácticas de combate, es incrementar el grado de organización y movilización de la ciudadanía y sus sectores sociales.

Es sólo desde esta teoría del cambio, en la que el sujeto político de la transformación es el pueblo organizado, que la articulación entre sociedad civil y partidos políticos es lógicamente posible pero también inevitable. Porque la presión cívica interna naturalmente se origina en las organizaciones sociales, pero es alimentada y reforzada por el contenido político y la dirección que brindan las organizaciones políticas. Ambos se necesitan mutuamente y ninguno puede ser políticamente efectivo sin la ayuda del otro.

Si compartimos esta concepción estratégica de la lucha, sentaremos las bases para, contrariamente a lo que ha ocurrido hasta ahora, promover una real y necesaria articulación entre nuestras organizaciones sociales y políticas. Pero para ello es necesario, en primer lugar, dinamizar y multiplicar los espacios e instancias de encuentro entre ambos sectores, no sólo para compartir y acercar los criterios políticos, sino también para coordinar acciones que los acerquen mucho más a la realidad y los problemas de las personas de carne y hueso que ambos dicen representar.

@angeloropeza182

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Hildelita Carrera Cedillo
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