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Rómulo en el funeral de un exministro gomecista

Gumersindo Torres

«era yo entonces (refiriéndose a la muerte del Dr. Gumersindo Torres, ocurrida el 17 de junio de 1947, nota de Carlos Canache Mata) Presidente del Poder Ejecutivo. Para sorpresa de los presentes, en su mayoría sobrevivientes físicos del gomecismo, fui con mis ayudantes militares a la casa donde se encontraba su cuerpo y pasé dos horas cerca de su ataúd. Quería demostrar, en nombre de Venezuela, que en este país hacemos justicia a los que proceden con patriotismo, con rectitud, con honradez. (Rómulo Betancourt, en discurso pronunciado en el Senado de la República el 6 de agosto de 1975, durante el debate del proyecto de ley orgánica de reserva al Estado de la producción y comercio de hidrocarburos, la famosa ley de nacionalización del petróleo).

El 17 de septiembre de 1917, el Dr. Gumersindo Torres asumió las funciones de Ministro de Obras Públicas, cargo al que entonces se asignó todo lo relacionado con los hidrocarburos. El 27 de junio de 1918, el ministro Torres aprobó la duodécima y última ley de minería aplicable a la industria petrolera, “en la cual el artículo 3 -precisó el perito Aníbal R. Martínez- se determinó que el Estado explotaría los hidrocarburos por administración directa o en régimen de el arrendamiento, ‘…pero en ningún caso puede otorgar derechos reales (sobre las minas)…’, al tiempo que incorpora las primeras referencias a medidas para la conservación de los yacimientos descubiertos”, y, posteriormente, el experto dice que , bajo el liderazgo del Ministro Consejero Torres, el 19 de junio de 1920, el Congreso aprobó “la primera ley de hidrocarburos que incrementó las rentas superficiales y permitió a los propietarios obtener concesiones, aumentó el área de las reservas nacionales y redujo en gran medida la lista de partidas libres para ser importado por las empresas petroleras».Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación Polar, tomo 4, pág. 62). Las empresas petroleras protestaron contra la ley, hasta lograr la sanción en 1922 de una nueva norma más acomodaticia, y, ante sus presiones, el ministro Gumersindo Torres fue destituido de su cargo. Esta ley de 1922 es la que establece la exención de derechos aduaneros a las importaciones que las empresas petroleras realicen desde el extranjero.

El 16 de septiembre de 1929, el Dr. Gumersindo Torres fue designado nuevamente Ministro de Obras Públicas. En 1930 envió una nota confidencial a las empresas en la que declaraba que «las leyes petroleras de Venezuela son las mejores del mundo para las empresas», a lo que Rómulo Betancourt comenta que «el observador menos informado comprobaría la veracidad de tan enfática afirmación con sólo al observar el escandaloso volumen de utilidades que reciben las corporaciones y la mínima participación del Estado, de los trabajadores de la industria y del país en su conjunto, en dichas utilidades” (Venezuela, política y petróleo, primera edición, 1956, página 44); y luego (página 54): “En su Memorándum Secreto a las Empresas, de 1930, el Ministro de Obras Públicas Torres corrobora con cifras la afirmación anterior: durante los siete años anteriores, las franquicias aduaneras de que se había beneficiado la industria petrolera alcanzaron los 219 millones bolívares, mientras que en el mismo período el monto total recaudado por el Tesoro Público en materia de hidrocarburos ascendió a sólo 187 millones de bolívares. Con acento de miseria, el Ministro Torres declaró: “La comparación de estas cifras lleva al cálculo angustioso de que hubiera sido mejor no recaudar impuesto de explotación a cambio del pago de derechos de aduana exentos. Y luego agregó, en el mismo documento y como resumen trágicamente cierto de cómo eran las relaciones entre el Estado y las empresas extranjeras durante el gomecismo, y aún más tarde: “Las empresas se llevan el petróleo y el gobierno de Venezuela paga para ser atrapado.

En 1928 se promulgó la “ley de liquidación del derecho de boyas en el puerto de Maracaibo”. Comenta Rómulo Betancourt (obra citada, página 60): “De escueto articulado, esa ley creó un impuesto de 2 bolívares por tonelada métrica de arqueo sobre los buques que atravesaran la Barra de Maracaibo, estrecha garganta por donde sale al mar el golfo del mismo apellido. Pasaron caravanas de petroleros, llevándose el petróleo al exterior sin “procesarlo”, tal como lo extraían de los pozos. Las empresas opusieron resistencia clandestina a la promulgación de la ley y esta actitud fue evocada con amargura por el Ministro de Obras Públicas Torres, en su tan citado memorando a las empresas”.

Finalmente, sobre el desempeño del Dr. Gumersindo Torres al frente del Ministerio de Obras Públicas, podríamos seguir escribiendo. No obstante, para concluir este artículo, reproduciré, in extenso, las consideraciones formuladas por Rómulo Betancourt en la página 785 de su obra, Venezuela, política y petróleo (primera edición, 1956): “Gumersindo Torres no se limitó a presentar este cargado memorándum a las empresas petroleras. Quiso hacer más por la defensa de la patria y es justo recordarlo, porque fue el único Ministro de Desarrollo de esta bochornosa etapa de la historia venezolana en quien se apreció preocupación patriótica. Publicó también, el 1 de agosto de 1930, un reglamento de la ley de hidrocarburos, destinado a sentar las bases de un cierto control estatal sobre la industria. Tenía la intención de hacer más. Cuando se discutió el tema de los precios del petróleo extranjero en el Congreso de los Estados Unidos, las empresas que operan en Venezuela dieron estimaciones de costos de transporte por barril que eran completamente diferentes a las que proporcionaron a las autoridades venezolanas. Standard de Indiana, por ejemplo, le dio a Venezuela $0,68 por barril como costo de transporte, y la Comisión Arancelaria del Senado de los Estados Unidos dio una estimación de ese mismo costo de solo $0,33. Torres hizo el cálculo fácil de que en 4 años (1927-1931), la Norma había defraudado al Tesoro por 26.000.000 de bolívares y al Golfo por 30.000.000 de bolívares. Estas empresas fueron luego demandadas por el Procurador General en la Corte Federal para pagar sus deudas. Las empresas involucradas presionaron a Gómez. El Dr. Gumersindo Torres ha sido despedido por segunda vez. Ya no hablábamos de los juicios que estaban ante la Corte”.

El hecho de que Rómulo Betancourt, en ejercicio de la presidencia del poder ejecutivo, asista al funeral del doctor Gumersindo Torres, ex ministro de una dictadura que lo persiguió, pero que sirvió a la patria con patriotismo y rectitud, demuestra que cuando hay grandeza, no hay obstáculo para el honor que merece honor.

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Hildelita Carrera Cedillo

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