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Orgullo Gay: ¿por qué disfrazarse?

Foto: AFP

Nada más justo que celebrar las demandas obtenidas por el colectivo LGTBI en los últimos años. Por eso, en muchas ciudades del mundo se ha organizado en los últimos días la Semana del Orgullo Gay, durante la cual se destacaron los obstáculos encontrados en la búsqueda de la legitimidad y se aplaudieron con furia sus logros. Un largo período de oscurantismo y batallas precedió a lo que aún no está plenamente validado en nuestra sociedad: el derecho de toda persona a elegir libremente su sexualidad.

De ahí a la distorsión y la falta de respeto por parte de quienes los observan, incluso de quienes celebran sus muchos éxitos, sólo hay un paso. El Día del Orgullo Gay debe convertirse entonces en una celebración seria ─alegre sí, pero seria a la vez─ porque la batalla que nos espera no es menor.

Madrid acogió, como capital de este grupo, más de una manifestación en sus calles, pero en ellas era difícil distinguir cuál era el mensaje. Miles de personas ataviadas con trajes extrañamente pintados se esforzaban por llamar la atención con una inmensa estridencia. Atuendos coloridos y extraños, disfraces de todo tipo, lo que denotaron nada tenía que ver con la satisfacción de obtener el lugar en la sociedad que cada sexo merece, ni llamaban la atención colectiva sobre el mayor obstáculo que se presenta, hoy, frente a la la comunidad homosexual como la discriminación.

En esta enorme comunidad que se comportó sin mesura, no hubo un llamado a la batalla de la identidad de género, tema que se debatía constantemente al interior de los gobiernos e instituciones, no hubo una polémica virulenta sobre la identidad y la educación sexual, no hubo un llamado a la diatriba presente en las lenguas para calificar libremente la elección de una identidad.

Todo se circunscribía a un comportamiento colorido, gregario, descarado, exagerado, histriónico, que dejó un mal sabor de boca a quienes consideramos que este es un tema trascendental y al que aún le quedan algunas batallas por librar.

Esto me motivó a enviar un mensaje de sentido común y moderación. Pasarán muchas lunas antes de que todas las sociedades del planeta definan reglas inclusivas que resulten del respeto a la situación personal de cada persona en cuanto a identidad de género, roles de género y diversidad sexual. La polémica sigue agria y la represión sigue siendo un medio para enfrentarla.

Siglos enteros de errores no se corrigen con actitudes y posturas propias de los carnavales, pero no de un movimiento y un grupo que aspira a enfrentar el odio y el desprecio y exige, para una parte importante de la sociedad, un trato inclusivo, respetuoso y libre del estigma que les afecta.

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Hildelita Carrera Cedillo

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