
«Somos una pequeña raza humana».
«Tengamos en cuenta que nuestra gente no es ni europea ni norteamericana, sino una combinación de África y América, en lugar de una rama de Europa». Simon Bolivar.
Afortunadamente, el concepto de Occidente se ha vuelto a utilizar en nuestro lenguaje coloquial. Occidente se opone a Oriente por afirmar que el primero es libre y democrático, mientras que el segundo es despótico y autoritario. Ese llamado mundo bipolar, donde hay que pasar del segundo al primero, es hoy sólo un burdo etnocentrismo. La realidad cultural actual no es occidental ni oriental, sino una realidad compleja y desorientada, cuya culminación en una nueva síntesis, si se puede hablar de una nueva síntesis, no sabemos con certeza qué nos puede traer. Por el momento, la idea de Europa, que se autoasigna como eje de la cultura occidental, está en crisis, y ya ha perdido esa condición de faro de luz y progreso que tenía alrededor de sus dos ejes poderosos que fueron los griegos. Iluminación. en la época de la Atenas de Pericles y la Ilustración europea del siglo XVIII. Y es que nuestro siglo XX resultó ser sangriento y aterrador en muchos sentidos, un camino no trazado en el siglo XXI. Nunca debemos olvidar, más bien recordar siempre, que el Holocausto ocurrió en Europa, así como considerar todo lo terrible de la colonización imperialista y la traumática descolonización, con sus consecuencias en el desorden instaurado y las pesadillas que tanta gente aún carga hoy. .
Entonces, usemos con delicadeza y cuidado el concepto de Occidente. Los latinoamericanos somos herederos de Occidente, lo afirmo, pero insisto en nuestra especificidad. Alain Rouquié nos conceptualiza como el extremo Oeste, y denota así nuestras particularidades, así como José Vasconcelos nos identificó como la “raza cósmica”, particular manera espiritual de resaltar nuestro mestizaje y su contribución positiva a los tiempos venideros. Es la misma lucidez asombrosa con que Bolívar identificó nuestro proyecto de nación latinoamericana, que sus contemporáneos no entendieron y que todavía nos fastidia entender.
León Trotsky en su brillante Historia de la Revolución Rusa, para caracterizar las peculiaridades del desarrollo histórico de Rusia, utiliza un concepto por demás interesante para explicar el fenómeno de la transculturación, que no es otro que el del desarrollo desigual y combinado, lo que nos remite al desarrollo desigual que experimentan los pueblos sometidos a una súbita aculturación forzada, como lo fueron para nosotros la conquista y colonización española y la dominación que de ella resultó. La dominación es material pero también espiritual, y la particular síntesis que resulta del choque cultural da lugar a nuevas ideas y formas de explicar e interpretar la realidad que, además, mediante la reforma o la revolución, quiere ser transformada. Por eso afirmo que “nuestro Occidente” tiene sus especificidades en las ideas y conceptos, para lo cual el gran desafío es la sabiduría de saber vaciarlo en instituciones donde fluyan de manera asertiva, y también en la construcción de ideologías, que como brújulas nos ayudan a definir los caminos a seguir.