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Breves apuntes sobre el concepto de ciudadanía en el siglo XXI

“Los individuos pueden ocuparse simultáneamente de sus asuntos privados y públicos; no porque cada uno se dedique a lo suyo, su conocimiento de los asuntos políticos es insuficiente. Somos los únicos en considerarlo más inútil que calmar a la persona que no participa en las tareas de la comunidad”. Pericles.

Todo parece girar en torno a una dinámica lingüística. Los conceptos mutan dependiendo de cómo los reconozcamos en diferentes momentos. Buena parte de los enriquecimientos, descubrimientos y novedades, por así decirlo, ciertas derivaciones o descubrimientos que contribuyen a la deseada originalidad de determinados temas, están inmersos en los esfuerzos de sincronización y significación que se han hecho desde la investigación de la comunicación y su significado. , sino interpolando planos históricos.

Especifico que no soy un experto ni nada por el estilo. Lo que soy es un profesor universitario que necesita estar informado y actualizado. Esta tarea me lleva periódicamente a lecturas complejas que muchas veces me obligan a mirar y repasar los conceptos y definiciones con los que tengo que trabajar. Cuento por favor con la indulgencia de los más entendidos.

¿Qué es la ciudadanía? ¿De dónde viene este concepto? ¿Cuál es su evolución? ¿Qué es la ciudadanía? ¿Qué significa ser ciudadano hoy? En Venezuela, ¿dónde estamos en términos de ciudadanía? Abundan las preguntas sobre el tema y comentaremos los aspectos relevantes, fundamentalmente a modo de reflexión.

Sujeto a mejores estudios e investigaciones, la figura se ubica generalmente en la antigua Grecia y con ella encontraremos huellas de definición, referidas a la integración de un cuerpo político y su composición que a su vez deriva de una pequeña sociedad con mentalidad comunitaria. . .

La poli era entonces una unidad corporativa cuyos miembros tenían una base común y se regían por los principios de isonomía, egoría, isocracia. Se combinó la igualdad en los diferentes escenarios de la vida social con la participación en los anteriores.

Los ciudadanos fueron seleccionados. Nacidos en el territorio e hijos de una comunidad que no sean esclavos, extranjeros o mujeres. En las ciudades-estado complicarán las cosas y sin embargo ofrecerán decantaciones.

Roma sucederá a Grecia como fenomenología cultural, económica, política, social, militar, jurídica, sin perder, sin embargo, la impronta helénica. La ciudadanía se convierte entonces en un vínculo político y jurídico que acredita un estatus.

Es bueno agregar que la noción de democracia va unida a la de ciudadanía como se puede entender de la lectura de este clásico de Pericles “Oración fúnebre” que se recoge en este otro texto fundamental, ofrecido por Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso.

En cualquier caso, la caída del Imperio Romano supuso un cisma telúrico en las instituciones del mundo conocido y la aparición de factores políticos, geopolíticos, militares, sociales, religiosos y corporativos que eclipsaron casi por completo a la ciudadanía y la democracia. Pasará un milenio hasta que con el renacimiento surja otra era y el mundo dé un giro importante.

Según Sartori, la secuencia tomará 20 siglos, hasta que con la modernidad reaparecen las revoluciones y la responsabilidad del poder, la democracia y la ciudadanía, para posicionarse en apenas 200 años, casi definitivamente, como los actores y protagonistas del teatro político que estalló con el desarrollo de los derechos humanos y el mea culpa general de la humanidad, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Los derechos políticos, fundamento de la ciudadanía, enunciados desde 1776 en Norteamérica y en 1789 en Francia, tardarán en imponerse y asumirse como valores en la deontología consecuente e incluso en el siglo XX, ambos en Estados Unidos. Unidos que en Francia. Europa, se señalarán las dificultades y resistencias para lograr la globalización como valor social de la ciudadanía concomitante con los ideales de libertad, igualdad y solidaridad. De fondo, los ciudadanos se alimentan de distintas herramientas para su futuro y entre ellas se percibe el sueño republicano.

Han agregado legitimidad todo el tiempo a aquellos que alguna vez fueron discriminados o subestimados. Además, las mujeres han hecho recientemente, como diría Fernando Mires en 1995, una revolución que nadie soñaba y han sido incluidas en toda la visión humana del mundo, junto con otras minorías, por cierto.

La ciudadanía, en nuestro país, avanzó realmente en el trienio 1945-1948 y mujeres, jóvenes y analfabetos se unirían a la voluntad y oferta soberana en la dinámica y fundamento conceptual de la democratización y el esfuerzo republicano, lamentablemente interrumpido por el advenimiento del militarismo, camuflado en un episodio de ingenio democrático, donde la conciencia histórica se convirtió en madre de una tragedia.

Este período, que ubico entre 1948 y 1998 ya pesar del golpe de Estado y del gobierno de Pérez Jiménez, mostró un apetito cívico por la trascendencia y dio lugar al único intento verdaderamente republicano de nuestra historia. Fue un período de dominio cívico, legitimidad y soberanía genuina.

Sin embargo, la antipolítica ha infectado perniciosamente al cuerpo político y los juegos de las oligarquías han terminado por contaminarlo todo; los partidos y los medios, en primer lugar, quisieron apoderarse del espectro y desvirtuaron el modelo imaginado y construido por el puntofijismo. No hay excusa válida. «Nemo auditur propriam turpitudinem allegans».

Sin embargo, la ciudadanía es una construcción histórica, social y política que las sociedades se han dado a sí mismas a lo largo del tiempo y en este momento podemos esperar cambios en su conceptualización y en la naturaleza del vínculo que implican.

En un archivo encuentro, como corolario, una frase de François Dubet que cito a continuación: “No debemos olvidar que no hay una sola ciudadanía; cambia según las épocas, los países y las tradiciones, y sobre todo no es homogéneo y abarca varias dimensiones más o menos contradictorias entre sí” (citado por Perissé, Agustín Horacio, La ciudadanía como construcción histórico-social y sus transformaciones en la Argentina contemporánea, Los nómadas. Revista crítica de ciencias sociales y jurídicas, vol. 26, núm. 2, 2010 Instituto Universitario Euromediterráneo Roma, Italia)

Tanto la democracia como la ciudadanía se encuentran en una situación desfavorable y los muchos estudios e investigaciones conocidos son coincidentes y repetitivos, y lo han sido durante algún tiempo. Un viento de descontento sopla en el mundo y no perdona a ningún continente, a ningún país.

Venezuela limita a su perfil y su especificidad una grave crisis de su democracia y especialmente de su ciudadanía. Se evidencia un déficit crítico de interés y acción cívica, que da cabida al defecto y ausencia de ciudadanía; el fácil tránsito de la oligarquía militar-ideológica que nos ha subyugado y consumido, colocados también en una especie de idiotez que acepta y tolera todo, desde el mayor depredador, el peor, el más incompetente y corrupto de los que han atravesado la historia del país. Tenemos el régimen que tenemos porque no somos los ciudadanos que deberíamos ser y no lo somos.

Por otro lado, en el cosmos actual, observamos un discurso académico e intelectualizado que se refiere a la ciudadanía del mundo, más que como un desiderátum que como una realidad. El hombre alícuota, aquel que debe y merece ser tomado como conciudadano a toda costa.

Al contrario, vemos que el individualismo y la deshumanización, el materialismo y la constricción de la identidad, nos dividen, nos separan y nos segregan cada vez más.

el clasico de kant paz perpetua, Merece ser leído y releído para comprender que sólo la conciencia de un destino compartido que incluya la responsabilidad puede permitirnos construir para todos y no en detrimento de los demás. La ciudadanía del universo es una cuestión ética y moral. Parece que no nos damos cuenta de que el espacio planetario ya no nos acepta como diferentes, sino que reclama un ideal consciente y fraterno. ¡Viva la utopía republicana!

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@chittylaroche

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Hildelita Carrera Cedillo

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