
César Vidal afirma que se ha sometido a una larga entrevista relacionada con la humanidad mutando a una velocidad inesperada, por lo que nos vamos a enfrentar a una desagradable realidad. No sabemos si el escritor acentuó su percepción residiendo en Estados Unidos, hoy no lejos del cambio.
La apreciación nos llevó a El gran libro de las respuestas (Kevin S. Hile), señalando que ha habido evidencia de la mutación durante mucho tiempo. Los imperios, entre los que, por cierto, los mayas y los aztecas; Roma, república e imperio; Constantino el Grande entre los bizantinos y los otomanos en Turquía. Del mismo modo, las dinastías Tang, Song y Ming en China; en Europa, los carolingios, los Tudor en Gran Bretaña, la Casa de Estuardo y los Windsor. Dentro el gran libro se pregunta: ¿por qué es importante la Carta Magna y cuál fue la declaración de Derechos de 1689? Una mención especial a la democracia americana, a los padres fundadores de los Estados Unidos, a los Artículos de Confederación y finalmente a la Constitución de los Estados Unidos. Los hechos confirman la valoración de Vidal de que “el mundo es un proceso”. La conclusión es si el cambio es para bien o para mal.
La pregunta «¿América entre el Norte y el ritmo?» pretende resaltar el dilema de si Estados Unidos, bajo la presidencia de Joe Biden, un hombre bueno, enamorado de su país, con experiencia parlamentaria y democrática, podría llevar a su «gran país» por el camino de quienes fundaron, un alto histórico en una nación tan próspera. La «encuesta» sin embargo lo ubica muy por debajo en relación a la percepción que tenemos de él y su gestión. Su victoria electoral derivó en un hecho nunca visto en la historia, una especie de «golpe de Estado», una extraña estrategia para la ocasión ya olvidada, incluso en los países de América del Sur y Central, que lo convirtió en una forma de componer y descomponer. a ellos. . Laurence Tribe, profesor emérito de derecho constitucional en Harvard, acaba de declarar que Donald Trump, a quien se atribuye la autoría del «Golpe de Estadodebe ser procesado. El registro antitético parece ser el del Partido Republicano, ahora apropiado por «El promotor inmobiliario”. Esta es la otra cara. La escena, antitética.
América Central y América del Sur, desde el norte, han sido históricamente percibidas como fronteras que deben ser protegidas, especialmente del “comunismo”, un animal, hoy con varias cabezas, que si volviera Marx, afirmaría que es lo contrario de lo que el escribio. La confusión que reina en este particular continente ha llevado a quienes tratan de ver si el pueblo los elige a dejar de lado la calificación de «comunistas», cambiándola, entre otras menciones, por socialismo, progresismo y colectivismo, escenario frente al cual en el lado opuesto surgen otros adjetivos y sustantivos, «conservadores, reaccionarios y mesurados». Las dos Américas, víctimas de gobernantes que no aprobaron el examen de ingreso, fueron aniquiladas, por lo que se podría llamar un «cataclismo». La confusión terminológica conduce a la tradición francesa de “izquierdas y derechas”. El libro de la profesora María Trinidad Bretones analiza «las olas y contraolas de la democracia», imbuida de esta gama de calificativos, en la medida en que cada «rompedora» en este inmenso océano que es el mundo recibe un nombre, la mayoría de las veces a partir de casos asignados por su propio mentor y aquellos que lo apoyan. Se añaden las cuatro letras “ismo”, para construir una corriente supuestamente innovadora, bastante propia del arte donde se habla de “expresionismo, cubismo y surrealismo”.
No es nada fácil juzgar la «democracia», ni la llamada «no democracia», una especie de ambivalencia que acompaña a la humanidad desde su misma creación. La primera está condicionada a que haya “ciudadanos” y no súbditos, calificación más bien acorde con los regímenes que algunos califican de “totalitarios”. “El comunismo, entre ellos, los más nombrados, y sus adhesiones que, sin excepción, terminan, precisamente, como referencia que identifica al “pregonero”, el “marxismo, estalinismo, franquismo, trumpismo, chavismo, madurismo, uribeísmo, kirchnerismo y próximamente «petrismo». Junto a quienes promueven la democracia y sus virtudes, están quienes acusan a los primeros de no lograr una igualdad racional y una verdadera ciudadanía en la sociedad, incluyente pero no excluyente. Acceso a la educación y al trabajo productivo y una política fiscal que pague más el que más tiene.
En el prólogo del libro en particular Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, se afirma que Maurice Joly aporta a la ciencia política la definición exacta de un régimen muy particular, el de la “democracia distorsionada”, llamado “cesarismo” por los antiguos. Y agrega que “la democracia no se trata de tener apoyo popular, sino de tener reglas que codifiquen el derecho absoluto del hombre a gobernarse a sí mismo. El filósofo pone en boca de Montesquieu “Unos años de anarquía son a veces menos desastrosos que varios años de despotismo silencioso”. Por tanto, parecería sincero suponer que la democracia no puede ser considerada sólo como una vieja partición del progreso de los pueblos. Y que en la actualidad ha cambiado y que su mutación continuará.
Quizás Samuel Huntington, desde el otro mundo, envíe una carta declarando que estamos cerca de “una ola de democracia efectiva”. Pero añadiendo que significa “más norte y menos ritmo”.
@LuisBGuerra